Entradas populares

Total de visualitzacions de pàgina:

Seguidors

dilluns, 17 d’octubre de 2016

LOS FIGURANTES QUE FIGURAN (CAPÍTULO PRIMERO)


LOS FIGURANTES QUE FIGURAN

                              CAPÍTULO PRIMERO

 Yo llegué al plató de la serie de televisión para una Figuración, como se dice ahora esto de extra en películas, los que salen en el fondo de cualquier escena, que no hablan casi nunca, pero ayudan a que la escena no sea vacía, con sólo los actores.
   Primero, el ayudante de dirección nos mira, y de repente me sentía como el ganado que será sacrificado en la granja, que terminará llenando los chorizos y salchichas de Olot. Elegirá los figurantes para la primera escena de la mañana. Llegamos sobre las siete de la mañana, como me pidieron. Tomé una Valeriana para poder dormir y no caer de sueño en medio del rodaje.
   El hombre va vestido como uno de aquel partido político que rompe con todas las normas burguesas, pero se dirige a nosotros con un lenguaje cuidadoso, de ejecutivo. Elige a tres de nosotros, y al resto nos dice que nos esperemos. Obedecemos como empleados disciplinados de la época franquista o de Corea del Norte.
   --¿Qué nos pedirá que hagamos ahora? --pregunté, un poco ingenuamente.
   --A mí me pidieron que hiciera de doble de luz de la protagonista --me dijo un chico.
   --¿Tú? --pregunté, sin creerme nada, ya que ese chico era un poco gordo, y la protagonista era joven, bonita y delgada--. ¿Que haces broma?
   --¡Noooooo! -dijo el chico, con una voz aguda y casi auto-paròdica--. Es que no tenían a ninguna, y pensaron en mí. Aunque tuve suerte, porque apenas un segundo después, dijeron que nada, ya que yo estaba allí ante el malo de la película, un señor mayor, feo y antipático.
   Nos describió todo aquello con gestos de sus manos, un poco como los actores de aquellas comedias italianas de antes. Y me lo creí.
   Pasa una hora, y los presentes no hacemos otra cosa que mirarnos el móvil una vez tras otra. Habré leído cinco veces la misma noticia en la Red para matar el tiempo. Podríamos charlar un poco, pero depende de qué tema sea la especialidad de tus interlocutores.
   --Pues me acuerdo de cuando tuve aquella Figuración con Almodóvar --siempre comienza con esta frase reglamentaria. Y luego las anécdotas, también reglamentarias. Unas muy simpáticas y otras no mucho.
   Pero finalmente, llega el ayudante de antes y nos dice que podemos entrar al rodaje. Obedecemos nuevamente, como los personajes de los negros de "Lo que el viento se llevó", y entramos hacía el vestuario, en donde nos mirarán si tenemos que cambiar de ropa para el rodaje, o estamos bien con la nuestra, la de la calle. La encargada del vestuario no nos mira como los corderos del ganado, pero con algunos, parece minuciosa.
   Tras probarnos varias ropas, nos dieron, para ponérnoslas, las ropas de nuestros personajes de Figuración. Era un programa especial de Navidad, decía ella. Y todos nosotros como en los cotillones de fin de año. Nos llevaron hacia el plató.
   Ya colocados, el ayudante de dirección nos dio instrucciones. Se haría una escena culminante, y nos pedía dejarnos la piel. Yo estaba de acuerdo. Comenzó el rodaje. Varias tomas, el director no estaba contento.
   Pero después del rodaje de la última toma de la secuencia, sentimos la voz de trueno del director, que hacía eco por todo el plató, como una amenaza del Darth Vader.
   --¡Me cago en todos vuestros muertos! --gruñó.
   Nos miramos unos a otros, con expresiones de horror y resignación vez. Después del esfuerzo por parecer creíbles dentro de la escena, ahora todo se iba al traste por una equivocación de alguien que no adivinábamos qué.
   --¡Os habéis dejado apagado el monitor del fondo, panda de inútiles! --dijo a sus técnicos, con voz de trueno, pero al borde de un ataque de nervios y a punto de empezar a hacer disparos por todas partes como un Rambo o un yihadistas cualquiera.
   La cosa se calmó después, ya que todos nos fuimos a comer. Fue un alivio, después del cansancio de repetición continua. Durante la comida, yo pensé todo el tiempo que al director lo tendrían comiendo aparte, apartado del mundo, de todos, porque existía el peligro de que él hiciera pagar a cualquier pobre diablo la equivocación de antes.
   Nos dejan ante un plató que parece ser una oficina. El ayudante me dice que me siente ante una mesa con ordenador de sobremesa. Me da las indicaciones de la escena: yo trabajo en una oficina cualquiera, tengo que escribir en el ordenador, como cualquier persona que tiene este trabajo. Digo que sí, que de acuerdo.
   Me siento en la silla, delante del ordenador, que tiene la pantalla encendida, y veo un pequeño detalle que no me esperaba: miro el teclado del ordenador, y las letras están en ruso. Sí, en ruso, alfabeto cirílico y todo eso. No hago ningún movimiento del rostro ni ninguna expresión que diga a todos que aquello no me gusta mucho.
   El director de la serie nos dice a todos que tenemos que hacer que escribimos en el ordenador con naturalidad. Utilizó una metáfora que me parecía válida:
   --Hacedlo con naturalidad. Nada de tocar el piano.
   Cuando dice acción, enciendo el trabajo, ya pesar de no saber nada de lo que escribía (sólo, en mi escuálido ruso, que la letra H equivale a la letra N, y que MOCKBA es Moscú en ruso), creo que hice mi trabajo correctamente.
   Repetimos tres veces más, y luego otra secuencia de oficina. Comenté esta anécdota del teclado ruso, tal vez me quejé, pero una de las compañeras me dijo que cualquier actor debe saber enfrentarse a cualquier desafío. Y tiene razón.
    Después, terminamos. Todavía no sabía cuál sería la nueva Figuración, pero no sería como en las películas, sería algo normal, llena de anécdotas pequeñas de bar, pero aprendemos detalles interesantes. A ver cuando es la cosa como en las películas de verdad.


ELS FIGURANTS QUE FIGUREN (PRIMER CAPÍTOL)

                     

                           ELS FIGURANTS    QUE FIGUREN


                                  PRIMER  CAPÍTOL
  
  
   Jo vaig arribar cap al plató de la sèrie de televisió per una Figuració, com es diu ara això d’extra en pel.lícules, els que surten al fons de qualsevol escena, que no parlen gairebé mai, però ajuden a que l’escena no sigui buida, amb només els actors.
   Primer de tot, l’ajudant de direcció se’ns mira, i de cop i volta em sentia com el bestiar que serà sacrificat a la granja, que acabarà omplint els xoriços i salsitxes d’Olot. Triarà els figurants per la primera escena del matí. Vam arribar-hi cap a les set del matí, com em van demanar. Vaig prendre una Valeriana per poder dormir i no caure de son enmig del rodatge.
   L’home va vestit com un d’aquell partit polític que trenca amb totes les normes burgeses, però es dirigeix a nosaltres amb un llenguatge acurat, d’executiu. Tria tres de nosaltres, i a la resta ens diu que ens esperem. Obeïm com empleats disciplinats de l’època franquista o de Corea del Nord.
   --Què ens demanarà que fem, ara? –vaig preguntar, una mica ingènuament.
   --A mi em van demanar que fes de doble de llum de la protagonista –em va dir un noi.
   --Tu? –vaig preguntar, sense creure’m res, ja que aquell noi era una mica gras, i la protagonista era jove, bonica i prima--. Que fas broma?
   --Noooooo! –digué el noi, amb una veu aguda i gairebé auto-paròdica--. És que no tenien cap, i van pensar en mi. Encara que vaig tenir sort, perquè tot just un segon després, van dir que res, ja que jo hi era davant el dolent de la pel.lícula, un senyor gran, lleig i antipàtic.
   Ens va descriure tot allò amb gestos de les seves mans, una mica com els actors d’aquelles comèdies italianes d’abans. I m’ho vaig creure.
   Passa una hora, i els presents, no fem una altra cosa que mirar-nos el mòbil un cop rere l’altre. Ens haurem llegit cinc vegades la mateixa notícia dins la Xarxa per matar el
temps. Hi podríem xerrar una mica, però depèn de quin tema sigui l’especialitat dels
teus interlocutors.
   --Doncs, em recordo quan vaig tenir aquella Figuració amb l’Almodóvar –sempre comença amb aquesta frase reglamentària. I després les anècdotes, també reglamentàries. Unes molt simpàtiques i d’altres no gaire.
   Però finalment, hi arriba l’ajudant d’abans i ens diu que podem entrar-hi al rodatge. Obeïm novament, com els personatges dels negres d’”Allò que el vent s’endugué”, i entrem cap al vestidor, on ens miraran si tenim que canviar de roba pel rodatge, o estem bé amb la nostra, la de carrer. L’encarregada del vestidor no ens mira com els anyells del bestiar, però amb alguns, sembla minuciosa.
   Després de provar-nos diverses robes, ens van donar, per posar-nos-les, les robes dels nostres personatges de figuració. Era un programa especial de Nadal, deia ella. I tots nosaltres com als cotillons de Cap d’Any. Ens van dur cap al plató.
   Ja col.locats, l’ajudant de direcció ens va donar instruccions. Es faria una escena culminant, i ens demanava deixar-nos-hi la pell. Jo hi estava d’acord. Va començar el rodatge. Diverses preses, el director no hi estava content.
   Però després del rodatge de la darrera presa de la seqüència, vam sentir la veu de tro del director, que feia ressò per tot el plató, com una amenaça del Darth Vader.
   --¡Me cago en todos vuestros muertos! –va rondinar, en castellà.
   Ens van mirar els uns als altres, amb expressions d’horror i resignació alhora. Després de l’esforç per semblar creïbles dins l’escena, ara tot se n’anava en orris per una equivocació d’algú que no endevinàvem quina.
   --Us heu deixat apagat el monitor del fons, colla d’inútils! –va dir als seus tècnics, amb veu de tro, però al caire d’un atac de nervis i de començar a fer-ne trets a tort i a dret com un Rambo o un Jihadista qualsevol.
   La cosa es va calmar després, ja que tots ens van anar a dinar. Va ser un alleujament, després del cansament de repetició contínua. Durant el menjar, jo vaig pensar tot el temps que al director el tindrien menjant a part, apartat del món, de tots, perquè hi havia el perill que ell fes pagar a qualsevol pobre noi l’equivocació d’abans.
   Ens deixen davant un plató que sembla ser una oficina. L’ajudant em diu que m’assegui davant una taula amb ordinador de sobretaula. Em fa les indicacions de l’escena: jo treballo dins una oficina qualsevol, tinc que escriure a l’ordinador, com qualsevol persona que té aquesta feina. Dic que sí, que d’acord.
   M’assec a la cadira, davant l’ordinador, que té la pantalla encesa, i veig un petit detall que no m’esperava pas: miro el teclat de l’ordinador, i les lletres son en rus. Sí, en rus, alfabet ciríl·lic i tot això. No faig cap moviment del rostre ni cap expressió que digui a tothom que allò no m’agrada gaire.
   El director de la sèrie ens diu a tothom que tenim que fer allò d’escriure a l’ordinador amb naturalitat. Va utilitzar una metàfora que em semblava vàlida:
   --Feu-lo amb naturalitat. Res de tocar el piano.
   Quan diu acció, engego la feina, i malgrat no saber gens ni mica d’allò que escrivia (només, dins el meu escanyolit rus, se que la lletra H equival a la lletra N, i que MOCKBA és Moscou en rus), crec que vaig fer la meva feina correctament.
   Vam repetir allò tres vegades més, i després una altra seqüència d’oficina. Vaig comentar aquesta anècdota del teclat en rus, potser em vaig queixar, però una de les companyes em va dir que qualsevol actor ha de saber enfrontar-se a qualsevol desafiament. I té raó.
    Després, vam acabar. Encara no sabia qual seria la nova Figuració, però no seria com a les pel.lícules, seria una cosa normal, farcida d’anècdotes petites de bar, però n’aprenem detalls interessants. A veure quan és la cosa com a les pel.lícules de debò.

                                                        

             

 

diumenge, 3 de gener de 2016

DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE (Capítol XIII)


         CAPÍTOL XIII


   En José Carlos es va llevar per anar-se cap a la feina, com cada matí. Després de prendre el desdejuni, se’n va anar.
   I l’Oriol encara era adormit. Va trigar en llevar-se mitja hora després de la sortida del primer.
   Va badallar i es va llevar del llit. Amb barba de dos dies, amb un pijama que l’havien deixat per passar la nit, d’aquells de seda natural que duu en José Carlos. Potser no era gaire adient per aquell home, semblava un pobre que volia semblar ric, tenia una absència d’aspecte per allò, i potser també de modals, ja que es va rascar el cul amb delit, com alleujat d’una cosa que li destorbava de valent.
   Es va dirigir cap a la sala de bany, on s’hi volia dutxar. Però en voler obrir la porta, va notar que era tancada per endins, i va sentir una veu.
   --Eeeeei! Ocupat!
   Era una veu de dona. La va reconèixer. Era la d’ella, de la Marieta.
   --Em... em sap greu! –es va disculpar l’Oriol, que era espantat, submergit dins la seva timidesa que l’havia impedit sovint lligar-se noies, tot i que després a més d’una les va acabar seduint, tot i que més per escarmentar elles els seus inútils nuvis o marits.
   --Que ets tu, Oriol? –va preguntar ella des de dins. El seu to de veu hi havia canviat radicalment. Ja no era la veu espantada, de noieta carrinclona de col.legi de monges que l’agafen despullada al bany, que creu que fins i tot el mateix Déu hi anirà cap a l’Infern perquè tot és pecat arreu del món. Ara era una veu una mica de gateta mimosa, amb un borrall cursi, potser també.
   --Sí... –la veu de l’Oriol hi sortia del fons de la seva gola com un gat que s’ofegava.
   --Ara surto, espera que m’eixugui el cos, i ja tens el bany per tu solet.
   --Ep...? Ah, sí... –com la sentia darrera la porta i la sala de bany hi tenia molt ressò, que distorsionava el so, no li havia agafat totes les paraules, però finalment les va comprendre totes, tot fent una mena de reconstrucció detectivesca.
   Però, per una mena de vergonya i també de bona educació, va anar-se cap a la seva habitació per esperar el moment de la sortida d’ella de la sala de bany. Ella va sortir i anava amb la tovallola de bany vorejant-li el seu atractiu cos. També duia una altra tovallola a la vora del seu cap, per cobrir els seus cabells mullats, un estil aquell que més es semblava a un maharajà de la Índia que no pas a una dona que s’acabava de dutxar.
   Van passar unes hores després de tot això, i la vida de tots dos va continuar com si no hagués hagut cap ensurt, volem dir d’ell, ja que ella, semblava que si havia tingut un ensurt, li va durar només uns segons. A l’Oriol, per sentir-se incòmode, li va durar més temps. Perquè hi era dins una casa amb desconeguts, i no volia semblar un hoste groller ni gens bé educat. Que ell era un lladre abans, però no pas un paio amb descortesia.
   Dos dies van passar ara, i la Marieta hi era a la sala, llegint un llibre. Potser al lector li semblarà del tot paradoxal el títol del mateix, ja que era la novel.la “Crim y càstig” de Fiodor Dostoievski. Si ens recordem de que la Marieta va matar una dona temps enrere, aleshores ella seria més aviat incòmoda llegint-se allò. Però no semblava gens ni mica que tingués els remordiments del Raskòlnikov i acabés anant-se cap una caserna de la Policia. Ni tampoc els tindria si vingués aquell inspector de Policia rus de la novel.la, el qual va inspirar els creadors del tinent Colombo per la seva sèrie televisiva.
   L’Oriol va aparèixer per la sala, i la va veure llegint. No volia fer nosa, però ella es va adonar de la seva presència.
   --Hola, Oriol, com va? –va dir amb dolcesa, trencant per un moment amb la seva fredor estil Lara Croft, i fent un somriure, el darrer d’ells no sabem qual va ser el segle que va aparèixer.
   --Ah, hola... –digué ell, ara amb més fermesa del seu caràcter, però no gaire.
   --Et volia preguntar una cosa... –va començar ella, i va fer una petita pausa, com qui agafa aire per continuar, o perquè es rumiava allò que tenia que dir--. Que alguna vegada algú et va voler matar?
   --Doncs... –ell se’n va recordar, tot seguit, d’algunes vegades que va sofrir una persecució d’alguns delinqüents, ja que ell mirava de sobreviure als barris baixos barcelonins, amb millor o pitjor fortuna, tot i que caldria dir-ne que millor, ja que ell encara és viu i sa i estalvi.
   No va voler respondre immediatament. Com ella, es prenia el seu temps per trobar-hi la resposta adient, però gens solemne. No era ell cap bon jan de classe alta.
   --Algun cop vaig tenir una picabaralla amb gent molt dolenta dels barris baixos.
   Ho va dir d’esma, com qui llegeix un paper escrit.
   --Amb armes blanques, o amb els punys? –va preguntar ella.
   --Amb armes blanques –digué ell ràpidament.
   --Navalles o ganivets?
   --Ganivets. No tenia jo calers per una bona navalla. Ganivets d’un bar de barri, petit, avorrit i normalet.
   Ho va dir ell amb la descripció d’un venedor d’enciclopèdies, ara més animat.
   --I vas matar molts dolents, oi?
   --No, cap.
   --Oh... –va dir ella, suaument, amb un to ben clar de decepció.
   --Que et creus que soc un assassí? –ell començava a creure’s que ella li volia prendre el pèl.
   --No, no cal, però una mica bandarra sí que cal.

   Va ser una resposta que, per no perdre el costum, li va deixar aclaparat.

diumenge, 25 d’octubre de 2015

DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE (Capítol XII)

            
           CAPÍTOL XII



   --Hola, José Carlos. Que te’n recordes, de mi? Soc l’Oriol.
   Va ser la veu d’aquella mena d’aparició sobtada que li va deixar paralitzat. Tot i que la seva expressió facial era més aviat impassible, allò era una cosa que no s’esperava gens ni mica.
   --Hola.
   Va ser una resposta freda i d’esma, sense ànima. L’Oriol, per descomptat, es va quedar sorprès.
   --Feia molt de temps...
   En José Carlos va començar a dir una frase, però tot seguit es va aturar. De cop i volta, li va venir al cap una idea diabòlica.
   No va fer una expressió de delatar-se a si mateix, en tenir d’aquesta idea. Va pensar en dècimes de segon en això, i es va concentrar tot seguit en saludar l’Oriol.
   --No, deia que feia molt de temps que no sabia res de tu. Que vas poder triomfar i ets milionari, oi?
   L’Oriol es va quedar sorprès, i no sabia si prendre’s allò amb ironia. Triomfant i milionari, ell, un pobre mort de gana? El sentit de l’humor dels milionaris com en José Carlos és humiliant per persones com ell.
   Amb timidesa, l’Oriol va decidir dir la veritat. Si en deia que ell hi havia triomfat, amb aquell aspecte de pobre que feia, no s’ho creuria ningú.
   --Ehm... no. Ni vaig poder triomfar, ni soc milionari. Soc un pobre lladregot, del qual un senyor es va compadir... i em va portar fins aquí.
   --El meu sogre, oi?
   --El teu sogre? –l’Oriol no sabia res, de que l’home que li va perdonar el seu robatori era el sogre del seu antic amic.
   --Sí, el meu sogre... Ah, no, si no sabies res, de que m’havia casat.
   En José Carlos es va adonar de que l’Oriol no hi havia ni tant sols anat a les noces d’ell.
   --Ah, enhorabona... –va dir l’Oriol, maquinalment, sense poder preparar-se una frase més coherent, alhora amb una certa timidesa.
   El nostre protagonista va decidir oblidar-se de malentesos i facilitar-li la vida a l’amic retrobat.
   Aquella nit, va passar un esdeveniment ben estrany. Mirarem d’explicar-lo.
   En José Carlos té un somni, on s’imagina que hi és a un bar, allà hi ha vint noies, totes molt maques i sexis. Aconsegueix lligar-se a totes, les vint, però... no. Hi ha una noia, només una, que s’ha enamorat d’un altre noi que hi havia al bar, i no s’interessa gens ni mica per en José Carlos.
   Aquest, desesperat, malgrat tenir a la vora les altres dinou noies, totes boges per ell i fins i tot ficant-li mà a l’entrecuixa, ell era del tot desesperat perquè una noia, ni que fos només una, veiés millor a un altre home, en comptes d’ell.
   L’angoixa que envaeix el nostre home ja és insuportable. Gairebé comença a xisclar, desesperat. Haurem d’entendre la desesperació d’ell dins el sentit patètic, no pas dins la desesperació justificada i fins i tot dotada d’un sentit noble. És una angoixa patètica i ridícula, que demostra el masclisme i la manca d’escrúpols d’ell, que si té sentiments, només son per interès i res més.
   Com passa després d’aquestes històries somniades, el nostre home es va despertar tot seguit. La seva dona dormia plàcidament, no hi havia sentit res, endinsada enmig de somnis molt més agradables i menys humiliants per ella mateixa.
   Com ell no va poder dormir gaire, no feia bona cara. Ella no va voler fer cap comentari, tant li feia allò que ell hi hagués somniat. Cada cop era per ella més indiferent, tot que tingués a veure amb el seu cada cop menys atractiu marit.
   En José Carlos volia que allò no li fes malbé el nou dia, i va mirar de concentrar-se de valent en la seva feina.
   Però abans es va trobar amb l’Oriol, i volia venjar-se del seu somni fent-li un embolic al pobre nano. Se’l va apropar.
   --Oriol! Que pots venir un moment? –li va demanar, amb veu alta però sense cap estridència.
   --Ara vaig –va dir ell, amb la seva bona educació de sempre.
   Quan va ser al seu costat, en José Carlos li va posar la mà a l’espatlla i va començar a explicar una història...
   Bé, una història...
   Com el José Carlos tenia el matí sàdic, se’n va aprofitar del pobret Oriol i va explicar una història de surrealisme i una mica d’horror, que feia una barreja de Buñuel, Dickens, Mortadel.lo i Filemó i els acudits d’Eugeni.
   El lector és intel.ligent, i ja suposarà que el poti-poti mental d’Oriol era impressionant després d’allò que va sentir. No sabia si dir de valent si allò era una broma, i pesada, a sobre, o era la realitat més real que hi havia sentit mai, tot i que ja sabem que la realitat pot ser fins i tot la més insòlita.
   --Aiiiii... –es lamentava l’Oriol de no ser cap geni de l’oratòria ni tampoc de la Ciència.

   

divendres, 19 de juny de 2015

DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE (Capítol XI)



  
   Tornem amb en José Carlos i els seus deliris de desfer-se de la seva dona. O d’ajornar el tema com fa qualsevol polític quan la seva agenda, per manca d’horari, no es pot complir del tot i es veu obligat a deixar coses per l’endemà.
   Doncs, va voler fer una altra cosa, menys arriscada, si tenim en compte el risc de carregar-se la seva pròpia dona, una cosa que en qualsevol matrimoni és un fet quotidià com d’altres, carregar-se un cònjuge perquè sí, això és normal si veiem els filmes d’Alfred Hitchcock.
   Tot i que en José Carlos hi pensava que no estaria gens malament oblidar-se per un temps d’assassinats i distreure’s amb un tema menor, inofensiu.
   --Pepe... –va dir tot cadenciosament una veueta femenina, que es va sentir tot just al darrera d’ell.
   --Síííííí... –va contestar ell, amb una altra veu cadenciosa, que semblava competir per ser de la mateixa velocitat que l’altra, o dins una mena de campionat d’imitacions.
   Quan sentim aquestes veus, ell encara no s’ha tret la camisa, se la treu a poc a poc. Potser un dels detalls més tòpics d’una pel.lícula eròtica, no ha sigut mai dels homes que, per semblar feministes davant les dones amb les que ells lliguen, comencen ells mateixos amb treure’s la roba. José Carlos, Pepe per la seva amant, a la qual va conèixer aquell mateix dia, va deixar que fóra ella, la noia, qui es despullés primera.
   Va girar el cap lleugerament, i va veure que la noia, una pèl-roja molt atractiva, que tenia un cos escultural, molt ben cuidat, i tenia el pubis depilat com una actriu porno, es posava damunt el llit tot esperant que ell prengués la iniciativa, que ja la prendria ella després. En això sí que ell semblaria un feminista, complaure primer de tot a la dona i finalment seria ella la que fes l’altre comés de l’acte sexual.
   --Saps què m’agradaria, ara? –va dir ella, amb complicitat.
   --Una cosa que t’agrada? Apart d’això íntim que volem fer ara?
   --Home, si vols que fem un col.loqui intel.lectual... –va ironitzar ella, sense perdre el somriure ni tampoc la veu xiuxiuejant.
   Finalment van cardar, i ella va anar marcant els ritmes i els tempos de l’acte sexual, com a una simfonia de Beethoven.
   Ara, tornem a veure com l’Oriol ja ha arribat a casa de la Marieta, i el pare d’ella decideix reservar una habitació per ell, com a convidat.
   Primer de tot, decideix presentar-s’ho a la seva filla.
   --Marieta, et presento l’Oriol.
   Ho va dir amb cordialitat, tot i que amb una certa fredor, sense gaire passió.
   --Hola, Oriol, em dic Marieta –va dir ella, educadament.
   Ell, com era tímid davant les dones, va contestar amb poques paraules. La Marieta, com ja és acostumada, i ben acostumada, a aquests paios als quals és més fàcil treure’ls un queixal que no pas tres paraules consecutives, doncs va mirar de xerrar una estona amb ell i fer que ell es sentís a gust.
   --Què t’agrada el cinema? –va treure ella de cop i volta un tema.
   --Sí... el cinema francès –digué ell, i semblava tranquil·litzar-se, com si s’hagués tret un pes de sobre.
   --No està malament –va dir ella, i va confessar--: No soc gaire seguidora, del cinema francès.
   --Perquè? Et sembla pesat, avorrit i discursiu?
   --Sí, sovint. I també immoral, als francesos sembla que només els agraden les històries de fer el salt a la teva parella, i mostren això com si fóra obligatori.
   --No crec que sigui així –va voler replicar l’Oriol.
   --Ah, no? Que et sembla lògic que fins i tot dins una pel.lícula francesa que parla del Nadal, comencin amb un enterrament amb l’afegitó de que l’afligida vídua estava casada amb un violinista que abans se l’havia robat a una altra dona? O que una de les germanes protagonistes esperava un fill del seu xicot, però que aquest era un home casat, que no només enganyava la seva dona, sinó que l’abandona per anar-se amb l’amant, tot i que la dona també era embarassada, i a sobre tot just abans de la Messa del Gall? Disculpa’m, però no soc gaire d’aquests romanços llibertins.
   Va ser ben sincer, el seu discurs moralista. L’Oriol no és gaire d’aquestes coses, i tot i que li agrada el cinema francès, sovint hi troba estrany aquesta norma no escrita dels del país veí, ben al contrari que al cinema purità i decent de Hollywood, tot i que també hipòcrita fins dir-ne prou.
   Mentrestant, en José Carlos i la seva amigueta ja havien finalitzat la seva sessió de sexe estil Rocco Siffredi, tot i que ell, per molt que s’esforcés, no és gens ni mica com el mític actor pornogràfic italià.
   --Que vols que cronometri quan trigues en arribar a casa teva i te’n fiques al llit amb ta dona perquè ella no tingui cap sospita d’allò nostre, oi? –va dir ella, burleta, mentre l’acaronava el clatell i deixava que ell se’n mirés com un zombi els seus preciosos pits.
   --No cal, princesa –va contestar ell. Tot i que sigui un tòpic, el seu membre no s’aixecava ja, perquè era massa aviat després de la finalització de la sessió amatòria amb l’ejaculació reglamentària, tot i que ell no va fer-la com els actors porno, que semblen obligats a descarregar-ne la seva llet (coneguda per semen) damunt el rostre o el cos de la noia. Hi havia utilitzat un condó, per així estalviar-se un embaràs inoportú.
   Ell es vesteix, i quan acaba amb les sabates posades impecablement als peus, sort cap a la porta. La noia encara no s’ha vestit, però no s’aixeca del llit, i ell li fa un petó als llavis de comiat. Podrien fer-se un petó ben llarg, però com a ella no li agraden gaire els comiats, doncs prefereix que això sigui ràpid, breu i que deixi un bon record.
   Surt ell al carrer, i entra dins el seu cotxe. No vol mirar-se gaire on viu la noia, té força amb mirar-se uns segons la casa pel mirall retrovisor de l’automòbil. Engega el motor y suaument surt d’aquell carrer.
   Després d’un trànsit fluït i suau, ell hi arribava cap a casa seva. Va aparcar el cotxe sense problemes, i com a una bassa d’oli s’hi sentia, durant tot el trajecte.
   Ens el podem imaginar sempre amb el somriure pasta dentífrica a la boca, però un descobriment sobtat faria que aquesta màgia d’anunci televisiu desaparegués.
   Abans, com qualsevol cosa té un origen, no com l’origen de la Humanitat si llegim la Bíblia o si pensem de l’origen de l’Univers, tot comença quan ell ha aparcat el cotxe, ha apagat el motor, ha tancat la porta amb les claus i s’ha apropat cap a casa seva.
   Ha tret novament les claus de la butxaca per obrir la porta y entrar-hi.

   Quan va obrir la porta, hi entra... i aleshores... 

DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE (Capítol X)

            
Dos dies després, el pare de la Marieta i el sogre del José Carlos hi anava per un carrer barceloní, tranquil·lament, feia una passejada tot sol. I esdevindrà tot seguit alguna cosa que donarà la volta al mitjó del tot, o almenys hi veurem una nova perspectiva d’aquesta història.
   L’home hi anava amb roba normal, com un senyor normal de mitjana edat, no hi anava amb el vestit i corbata que duu quan és a l’empresa. Semblava que hi anava cap al quiosc de Premsa de la cantonada per comprar el diari o per passejar el gos.
   El carrer era normal, i la gent un nombre considerable. Hi era al barri del Clot, on hi havia alguna amistat seva que hi residia.
   Quan hi passejava pel carrer del Clot, a l’altura de Muntanya, ell se’n mirava amb aire distret un aparador d’una botiga. I tot seguit va sentir que algú li ficava la mà dins la butxaca dels pantalons, amb una rapidesa digna d’un màgic com en David Copperfield.
   --Què dimonis...?
   I aquella mà que era la més ràpida de l’Oest li va treure la cartera, de pell de cocodril, amb la seva documentació i els seus calers. No n’hi havia cap dubte, sofria un robatori per part d’un lladre d’estar per casa.
   Va saber reaccionar a temps i agafar aquella mà amb força, i amb ella, lògicament, el braç del lladre.
   Aquest no va dir res, només va rondinar, un so gutural de que no li agradava gens ni mica que aquell robatori trobés resistència per part de la víctima.
   El pare de la Marieta va pujar la vista per veure el rostre del lladre, i va tenir una sorpresa que, com totes les sorpreses, no s’esperava pas.
   Perquè? Doncs perquè el lladre era algú que ell coneixia de feia temps, i no s’esperava un retrobament amb ell en esdeveniments semblants.
   --Oriol...? –va encertar a dir, enmig del guirigall.
   --Apa, ets tu...! –tampoc no va ser gaire original, la frase-reacció de l’altre.
   Van passar uns segons de desconcert, ja que tots dos no sabien què fer, ara. El pare de la Marieta no sabia si fer una abraçada a aquell antic amic o denunciar-lo tot seguit a la Policia. I el lladre, que des d’ara li direm Oriol, tampoc no sabia si anar-se tot corrents o quedar-se a xerrar amb l’amic del qual no sabia gens des de feia anys.
   Finalment, el pare de la Marieta va prendre una decisió, ja que el era un home bo i amb molta educació cristiana, que li havien donat els seus pares en enviar-lo a fer obres de caritat, tot i que després, aquestes conviccions van evolucionar cap a un tarannà més obert, sense perdre els seus arrels.
   Qual va ser? Fer una abraçada a l’Oriol. Aquest, lacònicament, es va quedar paralitzat. Hi esperava una reacció violenta i venjativa de l’altre, o xisclar “Policia!!!” Però no va passar res d’això.
   --Em sap greu –va dir lacònicament l’Oriol, amb una veu mig impersonal i apagada.
   --No passa res, Oriol. Tens que estar molt malament per haver acabat tu com un “Caco Bonifacio” de quarta categoria.
   L’Oriol va comprendre aquella comparació, sobretot quan, en sentir-la, s’imaginava a si mateix com el “Caco Bonifacio”, un conegut personatge del còmic del segle XX, que era un lladre, sí, però molt bona persona, incapaç d’actuar com aquelles colles de lladres procedents de països d’Europa de l’Est que fan robatoris truculents amb rampells sàdics amb les seves víctimes.
   I ell era del mateix estil. Sovint hi pensava que ell encaixaria millor dins l’univers de Woody Allen, no pas dins el de Scorsese o Tarantino. L’Oriol sempre s’havia sentit un inadaptat, incapaç d’encaixar la societat del triomf per sobre de tot, d’ésser un lladre com “El llop de Wall Street” per ser respectat, o ser un polític que sap guanyar-se un públic fidel com en Berlusconi, tot i els seus robatoris amb negocis bruts, o fins i tot amb corrupció de menors, prostitució i l’ajut especial de la Màfia i les altres organitzacions delictives amb noms diferents.
   No, l’Oriol era massa bo per ser un lladre, un amic de les coses alienes, com deien abans. Era a l’atur, i no aconseguia una feina nova, o almenys una feina ben pagada, ja que només li sortien de coses malament pagades i amb curta durada.
   El pare va fer que l’Oriol entrés amb ell al cotxe. Primer de tot, el segon es va sorprendre.
   --Perquè...?
   --Perquè et vull ajudar, Oriol. Apa, puja, no et passarà res.
   L’Oriol semblava creure que allò podia ser una broma, o una cosa pitjor. Però només als primers segons, ja que a poc a poc s’anava tranquil·litzant.
   Va pujar al vehicle, al seient del copilot, o de l’acompanyant del conductor (és un automòbil, no pas un avió).
   --On anem? –va preguntar.
   --A casa meva –va dir el pare.
   --Ep... Que la teva família sap això, de mi?
   --No, ni un borrall.
   --Ah, encara tinc sort...

   I es va tranquil·litzar. Així, van continuar el viatge per la ciutat cap a la casa del pare.

dimarts, 10 de juny de 2014

DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE (CAPÍTOL IX)



CAPÍTOL IX



   L’Inspectora Mireia Camprubí, dels Mossos d’Esquadra, va mirar un altre cop els resultats dels anàlisis dels experts al lloc del crim que va passar uns dies abans, a casa d’una noia rossa que hi havia aparegut estrangulada.
   No s’ho va mirar amb gaire entusiasme, ja que era un de tants casos semblants, amb això de la violència de gènere, que ella, com a dona, volia combatre, però sabia que això seria possible si tothom posés el seu gra de sorra, si se’n fa una educació com cal perquè la gent no sigui violenta amb els altres, però ella mai no ha sigut de discursos, que de tant en tant aconsegueixen el seu propòsit alliçonador, però ella no era pas de lliçons.
   Era una admiradora del personatge de ficció Jules Maigret, el Comissari de la Policia francesa que va crear l’escriptor Georges Simenon en diverses novel.les. Com ell, se’n mirava la vida i els seus casos policíacs amb una certa sornegueria.
   Va pensar que tindria que quedar un dia d’aquests amb aquell matrimoni al qual coneix per mitjà de la seva amistat amb un home de negocis. Així desconnectaria una mica d’aquesta feina angoixant i absorbent.
   Ja hi era a prop dels quaranta anys d’edat, però encara era una dona de bon veure, però de molt bon veure, que podia competir perfectament amb les noies jovenetes en això de lligar, i fins i tot podia guanyar-les.
   Tenia uns ulls blaus preciosos, que no perdien res amb l’edat, i el seu rostre encara tenia un encís aclaparador.
   Potser això era el millor d’ella, però també la seva intel.ligència.
   Uns cops a la porta del despatx la van treure del seu món. Després del típic i tòpic “Qui hi ha?”, va sentir el nom d’un dels seus ajudants, i va dir que endavant, que entri al despatx. Hi hauria desitjat ella que fóra un príncep blau amb físic de “boy” de comiat de soltera, però tot seguit va rebutjar la idea perquè una dona culta com ella no devia gens ni mica pensar en coses semblants.
   Era l’Inspector Oriol Solsona, que portava noves proves que van trobar al pis de la noia assassinada. I com ell és un jove atractiu, però alhora corrent i sense
   --Com son, aquestes proves noves? –va preguntar sense gaire interès la Camprubí.
   --Doncs, semblen una cosa sense cap interès, però crec que ens pot donar una pista.
   --Què és?
   --Vet aquí.
   Amb aquesta presentació gens inspirada, en Solsona li va deixar un paperet amb cosetes escrites a mà.
   --Un poema? –va dir la Camprubí, sense cap entusiasme. Un poema... Què coi pot significar, per resoldre un cas d’assassinat?
   --Vam trobar-nos-ho mig amagat, caigut darrera un moble d’escriptori. La lletra i l’estil del poema, potser ens dirien dues coses: que va ser escrit per la víctima o pel seu botxí.
   No era tampoc gens original l’exposició del Solsona. Però la Camprubí, que era llesta i sagaç, també sap que per detalls tan ximplets com aquell es podia agafar un criminal.
   Va llegir el poema, i tot i que no era res de l’altre món, notava que estava escrit amb dolcesa, passió i sensibilitat, tot alhora. Es va fixar que era escrit per l’amant d’una dona, ja que feia referències sexuals molt sovint, tot i que no eren les típiques referències sexuals d’un home a la seva amant. La lletra no semblava masculina, tenia una cosa, un detall, que semblava molt més femenina.
   “El teu cos desperta passió en persones com a jo...”.  
   Així començava el poema. La resta, mig tòpic mig apassionat i fins i tot romàntic.
   La Camprubí va acabar de llegir aquell poema, i tot i que sabia que allò no podia comparar-se per res amb Miquel Martí i Pol ni tampoc amb Salvador Espriu, ho trobava encisador, producte d’algú sensible, però la seva intuïció li deia contínuament que allò era obra no d’un home, sinó d’una dona.
   Una dona... Tot seguit li va sortir del cap una idea.
   I si la persona autora del poema era una altra dona?
   No, no era gens descabellat. Avui dia, la gent pot sortir de l’armari sense cap problema, almenys al món occidental.
   Va sortir un moment del despatx, va mirar una altra dona de les que hi treballen a la comissaria, qualsevulla que hi hagués, tant se val, i la va fer anar cap al despatx.
   --Anna, en volia que em fes un petit favor... Llegiu aquest paper.
   --Què és? Un document de la Conselleria de Justícia?
   --Gens ni mica –va respondre la Camprubí sense cap emoció mostrada, però tampoc no menyspreava l’Anna Gázquez, amb la qual en volia fer aquella mena d’experiment que només una dona sap intuir d’allò que hi ha al darrera d’uns versos amorosos.
   Ella s’ho va mirar, i va veure que era un poema. Gens de particular, no l’agradava gaire la poesia, només com hi havia dit Antonio Machado, és a dir, que la poesia està escrita per ser cantada. I només l’agradava la poesia cantada.
   Però Anna va comprendre que allò era potser una peça important d’un cas, dels milers que tracten diàriament a la comissaria. I se’n va posar a analitzar fredament aquell seguit de versos tan bon punt romàntics i encisadors com de cop i volta explícitament sexuals, fins i tot poc subtils.
   Se’ls va llegir fins tres vegades, de dalt a baix, però no hi veia gaire de particular.
   La Camprubí semblava impacientar-se, tot i que no l’expressava gens.
   --Que no hi troba una cosa particular en aquest poema, Anna?
   --Ja sap que no és la poesia una cosa que m’agradi de valent, Inspectora.
   --Ho entenc, Anna, però no és això cap concurs de poesia. És una pista per aclarir un crim.
   --Un crim?
   --Sí. Aquest poema s’hi va trobar dins l’escenari d’un crim. Una noia va ser trobada morta, estrangulada. I creiem que aquest poema el podria haver escrit l’assassí.
   --Un assassí poeta, com la pel.lícula?
   --Potser, Anna... però n’hi ha un detall que em sembla estrany, o poc comú per aquest tipus de poema.
   --No hi ensumo gens, Inspectora.
   La Camprubí ja es podria haver impacientat de debò, fer fora l’Anna del despatx i fer entrar-hi una altra dona, que tingués més gust per la poesia i pels matisos.
   Va tenir una idea: va fer la darrera opció, tot i que no va fer fora l’Anna. Va trucar una altra dona del departament i se’n va posar a analitzar el poema.
   Aquesta vegada, la dona triada va ser la Noemí Segarra, que escrivia poemes en alguna revista especialitzada, d’aquestes alternatives i fora dels circuits literaris diguem-ne més mediàtics o, tot i que minoritàries, amb més importància entre lectors de Barcelona.
   No va necessitar tantes lectures com l’Anna. Va llegir un sol cop el poema i va dir, sense immutar-se:
   --Crec que l’autor no va ser pas un home.
   --N’està segura?
   --Sí, del tot. Te matisos que només una dona els pot plasmar així. O un home molt sensible, però n’hi ha de matisos que només les dones podem expressar.
   --Això l’havia intuït jo també, però em volia assegurar –va dir, triomfant però sense aparentar-ho, la Camprubí--. Ja tenim una possible hipòtesi del crim que estem investigant: la dona assassinada era lesbiana, i la seva amant la va matar. Gràcies de tot cor a totes dues. Bona tarda.
   Després d’aquest comiat fred però educat, les dues dones van sortir del despatx i van deixar el paperet del poema a sobre la taula del despatx.
   Doncs ja tenia una pista del cas. Ara calia esbrinar el passat de la morta, veure si la gent que la coneixia sabia això de que l’agradaven les noies.
   Va pensar en, per evitar prejudicis homòfobs, encarregar la major part del cas a una policia que fóra lesbiana o bé que tingués algun parent o conegut d’aquestes orientacions sexuals, és a dir, no pas un carrincló.

   

dilluns, 24 de març de 2014

Versió en vídeo del primer capítol d'una novel.la meva (DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE)




He enregistrat en vídeo una mena de versió visual del primer capítol d'una novel.la meva, DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE, que encara escric, a poc a poc, i volia mostrar-la a tots vosaltres.
Vaig enregistrar la meva veu en off, en català, com és la novel.la escrita, i vaig afegir unes imatges amb música, totes alterades per fer un efecte estrany i fascinant alhora.
Alguna vegada he parlat d'aquesta novel.la aquí, però aquí podeu veure el vídeo, penjat a YouTube.

DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE (Primer Capítol) (VOSE):

https://www.youtube.com/watch?v=pqWH4uSRWWs



dimecres, 12 de febrer de 2014

DESFER-SE D'ELLA, PERÒ AMB COMPTE (CAPÍTOL VIII)

                                    

                                           CAPÍTOL VIII



   I ara, dos dies després d’haver assassinat a sang freda aquella noia, ella rep la notícia llegint els diaris, que només la tractaven com una notícia petita, és clar, la típica notícia de la crònica negra diària de la ciutat. Però com ningú no coneixia l’existència de l’amistat entre totes dues, que va ser discreta fins dir ja n’hi ha prou, no podria ningú relacionar-les l’una amb l’altra. A més a més, només deien que semblava que tot hi havia sigut un robatori i alhora una violació, que les feministes ponien la mort de la pobra noia com un exemple més de la violència de gènere.
   Però no ens oblidem del seu marit, el qual la guanya en maldat, potser perquè la seva maldat és per motius econòmics, no pas per motius sentimentals inconfessables.
   Ella sent a ell rient-se de manera esbojarrada, absurda, típica d’un guillat.
   --Ha, ha, haaaaaaaa...!
   Fins i tot li sembla tot allò el riure d’un pagès de poble que hi creu que el filòsof Aristòtil era el porter de la sel.lecció grega de futbol.
   --Ha, ha, haaaaaaaa...! –ell tornà a riure-se’n de la mateixa manera.
   --Què passa, estimat? –va preguntar ella.
   --Res, reina. Vaig llegir abans un acudit molt bo que hi havia llegit al diari, era molt bo, i encara me’n fa gràcia –va dir ell.
   Observem que això que explica ell no és pas cert. Era una nova idea per mirar d’eliminar la seva dona, que li havia semblat finalment tant d’absurda que feia gràcia per si mateixa.
   Podríem aleshores descriure-la, però millor passem a una altra escena, més interessant per al nostre relat i el seu toc de suspens a la Hitchcock.
   Hi ha un personatge, del qual no n’hi havíem parlar fins ara: el pare de la Marieta, el sogre del José Carlos.
   Ell hi amaga un secret, compartit amb la mateixa Marieta.
   --Papà, què penses fer, amb la Mamà? –un dia ella li va fer directament aquesta pregunta.
   --Què?
   --Dic que quina cosa penses fer, amb la Mamà –ella va tornar a fer la mateixa pregunta, amb impassibilitat absoluta.
   --Fer-ne el què? Fer una passejada amb ella?
   --No, matar-la. Matar-la i així poder tu trobar una altra, amb la qual podràs presumir davant els teus amics, cosa que no pots fer amb l’avorrida de la Mamà.
   Ara sí que l’home no trobava gens divertit aquella estranya conversa amb la seva estimada filla. Va arrufar el nas.
   --No em facis d’aquestes bromes estúpides! –va dir lacònicament, volent tallar directament aquell començament de bogeria, o una cosa semblant.
   Va passar un dia sencer, i el pare va tornar a pensar en allò que li havia dit la seva filla. No va poder evitar, alhora, veure passar la seva dona i aleshores recordar allò, paraula per paraula, que hi havia sortit dels llavis de la Marieta.
   --“Matar-la. Matar-la i així poder tu trobar una altra, amb la qual podràs presumir davant els teus amics, cosa que no pots fer amb l’avorrida de la Mamà. Si no ho fas, no podràs presumir davant ells, mostrar-te com l’ésser superior i que ells es puguin sentir inferiors...”
   No l’havia sentit com un ressò molt profund, d’església, sinó normal.
   I va reflexionar sovint d’això... no era gens ni mica una bajanada de sa filla, sinó una cosa que sovint tenia dins el cap: la seva dona ja no era pas útil, per ell.
   Així que va aprofitar un dia, que feia una passejada pels carrers de Barcelona després de sortir de la feina, que va conèixer una dona molt més guapa, molt més interessant i amb més conversa que no pas l’avorrida de la seva dona. I com s’imaginaran, va començar una relació d’amagatotis, es va sentir rejovenir de cop i volta. No sabia si donar-li les gràcies a la seva filla per aqueixos consells esbojarrats, o fer-la directament un monument.
   Però no va matar la seva dona, va decidir fer la doble vida, i això sense que la dona sospités gens ni mica. El cansament del marit alguns dies, pensava ella que era cosa de l’esgotadora feina de cada dia.
   I com la dona s’avorria de tant en tant perquè el marit hi arribava sense forces per fer l’amor amb ella, es consolava amb un estil “personal”, segons pensava ella. I “personal”, no podia ser una altra cosa que... l’onanisme, tot i que la paraula aquesta no té gens de romanticisme ni tampoc de poesia. Diríem, aleshores, que era una mena d’amor “a la carta”, o “a la meva manera”. Fins i tot, amb la pràctica, perfeccionava això ella, i li trobava molt més plaer que no pas amb el marit...

   A més a més, la dona va començar a xerrar tota sola, quan no hi era ningú, és clar, i va descobrir que era amb ella mateixa qui s’entenia millor, amb els temes que a ella, dona culta i encara atractiva, li agradaven. Podia fer debats amb ella mateixa i trobar-ne la resposta adient sense tenir por de trobar un interlocutor o un públic al qual les teves opinions o gustos l’avorreixen mortalment.

dissabte, 17 d’agost de 2013

DESFER-SE D'ELLA, PERÒ AMB COMPTE (CAPÍTOL VII)


CAPÍTOL VII





   Però cal que investiguem dins el passat de totes dues. La noia era una ingènua joveneta, la qual va conèixer la Marieta durant una festa amb les amigues. Aquesta darrera, encara no s’havia casat, però sempre va tenir una tendència bisexual. La noia (la direm Joana, que així es deia), en canvi, sempre hi havia sigut lesbiana, no li agradaven els nois, si intentava començar una relació amb algú d’ells, la cosa esdevenia fracàs.
   Tot això del seu lesbianisme no s’ho havia dit a ningú. Però tenia amigues que casualment eran les de la Marieta. Com sempre la veien tota trista, van decidir convidar-la per anar-se de marxa. Ella, que creia que amb això s’animaria, va acceptar.
   Quan es va fixar en la Marieta tot just quan se la van presentar, la Joana hi havia sentit el cop de fletxa de Cupido, tot i que fa cursi, aquesta descripció.
   Quan es van saludar, la Joana va estar a punt de fer un petó a la boca de la Marieta, en comptes d’a la galta. D’això es va adonar la segona, que de cop i volta es va sentir atreta per la noia.
   Tot allò que va passar entre totes dues, ara és història, l’amor entre elles es mort, potser literalment, tot veient el cos inanimat de la noia damunt el seu llit.
   La dona va sortir de la casa amb compte, tot i que sense perdre gens ni mica la seva expressió freda. Quan va veure que no l’havia vist ningú, va pujar al seu cotxe i va arrencar suaument, per tornar a casa seva.
   Després d’un trànsit habitual a les grans avingudes de Barcelona, ella va arribar a casa seva, i com va pujar al cotxe, en baixar d’ell conservava l’expressió freda, amb l’afegitó d’un lleu somriure de satisfacció plena. Semblava que s’acabava de treure un pes de sobre que amenaçava d’aixafar-la. I amb molt de gust aixafaria el planeta sencer, sentir-se finalment l’ésser superior. És cert que ella sempre ha tingut un aspecte i una imatge per a tothom d’una dona que és una mena de santa en vida, fins i tot ella hi creu que això va atreure el que ara és el seu marit, però és una imatge d’ella completament falsa. I ara hem tingut la prova definitiva. Ja no podrem mirar-nos-la com una d’aqueixes noies encisadores a les quals ens ve de gust abraçar-nos-la amb tendresa.
   Tothom es preguntarà que perquè una dona que semblava un model de comportament de portes a fora s’esdevé un monstre, volem dir un monstre capaç de matar gent, és clar, no d’ésser lesbiana, que és del tot respectable, sobretot si es fes públic per part seva, no pas si ho fa d’amagat, com ara.
   Tindrem que anar-nos cap al passat un altre cop.

   


   Uns anys abans, ella es va anar d’amagatotis, pel seu compte, a bars de copes de moda de Barcelona, de la part mitjana, ja que als barris alts de la ciutat, ella era ben coneguda i hauria d’alguna sospita.
   Mirava, aleshores, de lligar amb nois ben plantats que l’agradaven.
   --Soc una noia que l’agraden coses que... –començava a dir ella en cada conversa.
   --Sí, noia, però a mi m’agrada... –i amb cada resposta d’ells, l’enamorament sobtat que ella tenia per ells s’esfumava dins l’aire com un estel fugaç.
   I després de diversos intents, ella hi pensava en fer-se monja, o bé una solterona d’aquelles de l’Opus Dei, però ella no hi creia ni un borrall en Déu. Encara més, quan va combregar per primer cop, uns anys després d’allò, només va pensar que quin lleig que era el mossèn que feia la Missa, que per això s’havia fet mossèn, no hi havia cap altra explicació, perquè cap dona arreu del món se l’estimava, ni tant sols les cegues en volien ésser amb ell. Una mostra, alhora, del seu sentit de l’humor macabre que ella té de tant en tant, tot i que mai no ho diu, en públic.
   Però un dia va veure, a un altre bar de copes, a una noia, i va veure que ella era de debò molt guapa, espectacular, tot i que una miqueta masculina, no era una bellesa femenina del tot. No, no duia els cabells curts, això és un tòpic sobre les lesbianes.
   Va veure que va apropar-se una altra noia vers la que s’estava mirant, enmig de la gent que hi havia, molta en aquell moment, i van fer-se un petó molt curt als llavis, com d’enamorades que s’ho fan tot d’amagatotis, i la Marieta va intuir que aquella noia era lesbiana.
   I es va dir que tant se val si la noia aquella era lesbiana, ja n’estava ben tipa de fracàs ara i després un altre fracàs, amb els homes. Volia aturar-se’n i provar amb un altre tipus d’amor, tot i que la seva família, conservadora i tradicional en el fons, no li deixaria pas tenir un amor d’aquesta mena, i podrien fins i tot desheretar-la.
  Però no volia perdre aquella noia, era com si et trobes un diamant i saps que pots ser feliç amb ell, si hi treus benefici econòmic, és clar.