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dimarts, 5 de juliol de 2011

TODO ACABARÁ BIEN... SI FUESE BIEN (Capítulo XV)









CAPÍTULO XV




Al día siguiente, Judy se encontró con Winnie, la cual acababa de llegar de Los Ángeles, a donde había ido para preparar y elegir el reparto de su nueva película, la cual aun no tenía título, pero que empezaría muy pronto a rodarse. Se encontraron muy cerca de donde trabaja Judy.
--Hola, Winnie. ¿Cuándo has llegado aquí? –preguntó ésta última.
--Ayer, Judy –contestó la cineasta, contenta de volver a ver a su amiga--. ¿Cómo estás? ¿Y Jarvis, tan guapísimo como siempre?
--Sí, como siempre, y el culo lo tiene cada vez más bueno. Me encanta lamérselo.
--¿Qué...?
Winnie había hecho la pregunta con otra intención, claro, no con el propósito de acabar hablando de cosas más dignas de una película porno. Claro que Winnie también se lo hace a su novio, pero ahora no es el momento de explayarse con eso.
Judy creyó que no era buena respuesta, y trató de arreglarlo.
--Eh, perdona, Winnie, quise hacer gracia, ya sabes cómo soy...
--No pasa nada.
--¿Y qué hacías en Los Ángeles?
--Mi película empezaré a rodarla dentro de dos semanas, tía.
--Ah, dabuten. Hablará de los hispanos, ¿no?
--Sí. He querido hacer una historia creíble, con la ayuda de Jesse Obregón en el guión. También nos ayudará y nos hará una especie de asesoramiento durante todo el rodaje. Quiero que todo sea creíble. Que si rodara en Francia me rodearía de mis amistades francesas para que me dijeran cuáles son sus costumbres de verdad, no esas chorradas cursis de “l’amour” –remarcó Winnie el acento francés al decir ésta breve frase—que tanto nos gustan a los americanos.
--Me parece muy bien, Winnie. ¿Vamos a algún sitio?
--No, tengo que irme a la oficina, a preparar algún asunto, y desde aquí hasta fin de año tendré mucho trabajo, por que tendré que preparar el viaje a Europa para promocionar “Piel de cualquier color”, que se estrenará allí con algo de retraso por problemas de distribución –ya se sabe que Winnie trabaja para compañías cinematográficas independientes, que no tienen tanta facilidad de distribución como las “majors” tipo Metro, Paramount ó Universal.
--Joder, los del cine no parais nunca. No teneis tiempo a veces ni para vacaciones. Creo que ya no me dedicaré a esto –bromeó Judy.
--No te quepa razón, Judy –suspiró Winnie--. ¿Vienes a mi oficina?
--Em... bien, ahora no tengo nada que hacer, y Jarvis aun trabaja a ésta hora. Iré contigo.
--Muy bien, tía. Cogeremos un taxi.
Y lo cogieron para ir a donde estaba la oficina de trabajo de Winnie, en el barrio denominado TriBeCa (siglas de “Triangle Below Canal”, en inglés “Triángulo Debajo del Canal”) y subieron al piso en donde estaba dicha oficina.
Allí estaban sólo algunos empleados, pues ya dijimos que los despachos eran alquilados y compartidos. Winnie les saludó.
--Hola, chicos.
--Hola, Winnie –le respondió un chico con gafas--. ¿Ya has vuelto de Hollywood? ¿Cómo se lo montan ahora por allá?
--Como siempre, Sydney. Yo, menos mal que sólo voy por allí para contratar actores, que si no... No me extraña que a Woody Allen no le mole mucho dejarse caer por esos sitios. Además, a mí, desde que me pasó aquello en una de aquellas fiestas salvajes que se montan allá, no me quiero acercar mucho.
--¿Qué es lo que te pasó allá, Winnie? –preguntó Sydney, con mucha curiosidad, aparte de algo de morbo.
--Nada interesante, tío –respondió tajantemente Winnie, queriendo obviar el tema--. Hablemos de cosas más importantes.

Winnie, claro está, no quería hablar de aquello, por que la última vez que fue a una fiesta de aquellas acabó mal, muy mal, completamente borracha. En ese estado, hizo cosas que jamás habría hecho sobria, sin probar una gota de alcohol. Casi se murió de vergüenza al enterarse por una amiga lo que había hecho en estado ebrio. Como ya lo saben muy bien, no se lo contamos otra vez...
Judy miró con curiosidad el despacho de su amiga.
--Me gustaría tener un despacho como éste, Winnie.
--Muy bien –contestó satisfecha la cineasta--. Hazte directora de cine como yo, y tendrás trescientos como éste.
Rieron el chiste de Winnie, que al fin y al cabo no era más que eso, un chiste.
En aquel momento un chico entró por la puerta del despacho y dijo:
--Eh, perdonen... ¿Está aquí Winnie Withfield, la directora de cine?
--Soy yo, chico –respondió cordialmente Winnie--. ¿Deseaba alguna cosa?
--Sí, verá... quería saber si hay cástings para su nueva película... esa de los hispanos...
Judy se fijó atentamente en el chico, al que conocía de algo, y se dio cuenta de que era Curtis Greene. Había intentado quitárselo de la cabeza, y va y se lo encuentra en el despacho de su amiga Winnie. ¡No te jode!, como diría ella.
--Bien, el cásting de algunos personajes extras no lo hemos convocado todavía –contestó Winnie, acordándose de todo de memoria--, pero si vienes por aquí mañana a eso de las seis y media de la tarde, quizá pudieras conseguir algún papelito. ¿Eres actor?
Claro está, Winnie no sabía nada de que Curtis y Judy se conocieran.
--Sí... em... estoy estudiando Arte Dramático –dijo Curtis, con algo de timidez desde que entró en el despacho--. Quería ver si usted podía... em, podía darme...
--Bien, bien, tranquilo –le tranquilizó Winnie, como una madre tranquiliza a su hijo--. Mañana vienes por aquí, como te he dicho a las seis y media, y ya veremos si consigues algo. Seguro que lo consigues...
Curtis dijo que de acuerdo y que volvería al día siguiente. Antes de irse, miró unos segundos a Judy y se acercó a ella. Ella también se acercó a él.
--¡Judy! ¿No te acordabas de dónde vivo? –le preguntó Curtis.
--No... no me acordaba –soltó Judy una excusa, una cualquiera, para no tener que decir que no quería saber más de él para que no peligrara su relación sentimental con Jarvis.
--Bien, mira, podemos salir ahora para tomar unas copas en un bar de puta madre que hay aquí abajo –dijo él, muy animado.
--Eh... no puedo ahora, Curtis. Lo siento.
--¿Qué no puedes? ¿Por qué...?
Curtis, por lo que se veía, no estaba muy acostumbrado a que una chica le dijese que no.
--Tengo que volver a mi casa. Además... –Judy hizo un esfuerzo para soltarle esto, la guinda final para que no hubiese malentendidos--: Además tengo novio. ¿No lo sabías?
--Em... no... –como comprenderán, el chico se quedó literalmente helado. Winnie, sin saber de qué iba el rollo, se les había quedado mirando y se acercó a ellos. Les preguntó:
--¿Os conocíais?
--Eh... sí... –contestó Judy--. El Domingo pasado, en la casa de los padres de George... vinieron allí muchos amigos, y entre ellos, Curtis.
--Tengo que irme, señorita Withfield –dijo educadamente y de manera harto fría Curtis, aunque saltaba a la vista que prefería irse de allí cuanto antes. Se dirigió a la puerta.
--Adios, Curtis –le despidió Judy.
--Adios, Judy –contestó él, fríamente, como antes.
Salió a la calle, a dar un paseo. Pero prefirió coger un taxi para volver a casa. Ya allí, Curtis se dijo, lamentándose:
--¡Mierda, mierda y mierda! ¡Por eso no me telefoneaba ésta tía! ¡Ya tenía quien le tocase el culo! ¡Y yo, como un gilipollas, aquí esperando...! ¡Mierda! Decidió desahogarse bebiéndose una lata de cerveza que tenía en la nevera.
Se sentó seguidamente en el sofá de la salita y se bebió la cerveza poco a poco. Hubiera querido bebérsela a lo bestia, de un trago, pero Curtis no es de esos. Volvió a pensar en Judy, a maldecirse por su mala suerte, que si siempre llega tarde, que cuando ve una chica guapa ya tiene pareja...
Prefirió descolgar el teléfono y llamar a una amiga suya, Jacqueline Forrester, que vive cerca de allí.
--¿Diga...? –preguntó una voz de mujer joven con acento de Brooklyn.
--Hola, Jackie, guapa. Soy Curtis.
--Coño, no te reconocía, Curtis. ¿Qué tal, tío? ¿Qué haces ahora?
--Nada, el gilipollas, como siempre. ¿Tienes algo que hacer ahora?
--Ahora no, tío. Pero tengo muchas ganas...
--¿De qué...?
--Ya sabes qué –remarcó Jacqueline con voz insinuante.
--¿De follar? –prefirió dejarse él de formalismos e ir al grano.
--Elemental, querido Watson –contestó ella, con una imitación de un presunto acento británico.
--¿En mi casa ó en la tuya?
--En la mía, tío. Aquí nos encontraremos cómodos.
--Sí, claro, con esa cama de agua que tienes, que parece que estemos en fuerte marejada en alta mar.
--Como en el barco de “Vacaciones en el mar”, ¿no?
--Sí, claro... Voy ahora para allá.
--Te espero, tío.

--Hasta luego...
Y colgó el teléfono. Como ya supondrán, la chica le habló a Curtis de una manera muy cariñosa, casi coqueta. Aunque alguna vecina y vecino quería decir que ésta era una puta, una prostituta (algo falso, claro), Jacqueline Forrest quería hacer el amor con Curtis sólo por que ella se encontraba completamente sola, y por que, como le pasaba a Kimmy, también acababa de romper con su pareja. En el caso de Jacqueline, esto había sucedido una semana antes. Y le importaba un rábano con quién se lo montara ahora. Quizá esto puede ser una manera de desahogarse, pero ya vemos que Curtis quiere hacer esto mismo, por su fracaso con Judy.
Mientras tanto, Judy, cuando había llegado a casa, no sabía si irse el día siguiente a la de Curtis, pero se acordó de su polvo con Jarvis, y por ello se olvidó del primero. Amaba demasiado a Jarvis como para dejarlo escapar. Y no decimos “escapar” como si Judy quisiera poseerlo como a un esclavo, sino que le amaba tanto que no deseaba buscarse otro chico y empezar otra vez de cero, conocer sus costumbres, sus defectos y virtudes, acostumbrarse a ir a otra casa, a otro barrio, ó quien sabe si a otra ciudad... Tampoco quería ella caer en el tópico de que siempre cualquier persona, hombre ó mujer, ha abusado de él, de lo que “...mi pareja es mía, me pertenece”, como si la pareja de cualquiera no fuese más que un trofeo de caza para luego exhibir ante los demás, como muestra de poderío ó de intentar por una vez en la vida presumir de algo... Quizá esto no viene al caso ahora.
A veces Judy había oído hablar a muchas amigas, sobre todo las amigas liberales, que podrían perfectamente ser como las protagonistas de la serie televisiva “Sexo en Nueva York”, que para que nadie pudiera coger celos, un hombre y una mujer podrían tener relaciones sexuales con otras personas, para que vean ellos que aquello no es nada malo. Por ahora, Judy no tiene ganas de probarlo. Aunque ella es una rebelde y siempre quiere romper moldes, ahora no le da la gana. Quizá por pereza.
Al día siguiente, Curtis fue nuevamente al despacho de Winnie Withfield, para ver si podía conseguir algún papel en su nueva película. Después acabó teniendo mucha suerte, pues consiguió un pequeño papel de extra en una única escena, en la que tendría dos frases, lo que no está nada mal para empezar. Y en ésta escena, según le ha explicado Winnie, saldrán los dos protagonistas de la película, a los cuales Winnie ha elegido minuciosamente, tanto a los hispanos cómo a los anglosajones y el resto de latinos.
El argumento de la película es:
Fernando Álvarez, un hispano de Nueva York, tiene una vida cotidiana muy tranquila, igual que Geraldine Peralta, una chica de la que él se enamora. Empieza a perseguirla, en el buen sentido de la palabra, y después de mucho jaleo consiguió tener relaciones con ella. Pero aquello no iba como soñaban en un principio, ya que empezaron a discutir, a tener problemas, y todo se complicó tanto que acabaron rompiendo. La historia no tiene un final del todo malo, sino uno agridulce, ya que él y ella tienen finalmente que buscarse otra pareja, que casi al final de la película la encuentran. Esto es en grandes rasgos el argumento, que quizá parece muy corriente, que no dice mucho, “déja vu”, como dirían los franceses, pero Winnie y Jesse Obregón han querido hacer una historia con mucho gancho, además de romper con los tópicos del hundo hispano en los Estados Unidos, que aun son muy apreciables. Todavía, claro está, no saben si el filme tendrá ó no éxito, pero lo intentarán (es tópico esto último, pero es lo que siempre se dice y siempre se intenta).
También se aprovechará para hacer una crítica a todo lo que hemos dicho, y también al machismo que todavía impera en los hispanos (esto, claro, lo ha propuesto Winnie, pero Jesse, que como hispano conoce muy bien éstos vicios, lo ha desarrollado perfectamente) y otros problemas cotidianos suyos.
Winnie estuvo bastante ocupada en elegir a los extras para el reparto, ya se sabe, los cástings son un agobio, hay que elegir a uno entre cientos de aspirantes, a veces entre miles, así que pasemos a la semana siguiente. Aquí, Judy acababa de volver de un fin de semana con Jarvis, los cuales, ya se lo imaginarán, hicieron el amor mejor que nunca.
--Hoy hemos follado dabuten –decía Judy varias veces, cariñosa, cuando aun estaban en la cama.
--Qué entusiasmo tienes, tía –dijo Jarvis--. Yo pensaba que habíamos hecho una mierda de polvo.
--Lo sé, tío, pero comparado con los otros...
Claro está que Judy decía todo aquello para animar a Jarvis y que su amor propio masculino no decayese. Y de paso, animarse ella misma. Ahora todo estaba tranquilo, ellos se encontraban relajados. Habían ido a un motel del Estado de New Hampshire, en donde hay muchos lagos repartidos por todo su territorio. La ida y la vuelta se hizo en un autocar.
Ahora, Judy trabaja, como todos los días, en el bar. Parece que cada vez más se olvida de Curtis, y que cuando se encuentra con él ya no le desea como antes.
Y él tampoco, creemos, por que parecía que él y Jacqueline Forrest se habían enrollado bastante bien, y ahora ya no quieren separarse. Ella (Jacqueline) era la más contenta, quizá por que creía que ya había encontrado el amor de su vida y esas chorradas. Al principio creía que Curtis era un gilipollas, pero luego vio que no.
Pero a Kimmy no le pasaba lo mismo. Aun no había encontrado a un chico que le gustara de verdad, y el colmo era que en su conjunto musical la cantante del mismo, que ya habíamos dicho que era lesbiana, aunque lo disimulaba, ya se había fijado en Kimmy e intentaba más ó menos acercarse a ella. Tener al menos una buena amistad con ella, sin que pareciera acoso sexual. Esto le molestaba a Kimmy.
Una mañana estaba ésta tocando un rato la guitarra eléctrica, ensayando una canción que ella misma había compuesto en una noche de insomnio, fallando algunas notas, algo lógico cuando aun no se ha aprendido del todo, una cosa que a ella le molesta mucho (el que no salga perfecto), pero que poco a poco ya sabía aceptar con más tranquilidad. Entonces, la cantante lesbiana Jennifer Kowalski, de cabellos pelirrojos rizados, se le acercó, preguntándole:
--¿Qué haces, Kimmy, guapa...?
--Em... –Kimmy frunció algo el ceño, pues ya estaba un poco harta de los piropos pésimamente disimulados que le soltaba Jennifer--. Nada, Jenny, ensayando una nueva canción que escribí hace pocos días.
--Ah, muy bien. ¿Por qué no la tocas ahora?
--Como quieras...
Y la interpretó, cantándola también, claro. A Jennifer Kowalski le gustó bastante.
--Es muy bonita, tía. Sabes hacerlo dabuten.
--Gracias, Jenny –se lo agradeció Kimmy, con educación.
--¿Tienes algo que hacer luego? –preguntó Jennifer seguidamente.
--¿Yo?
--Claro, tú, no me refiero al Presidente Bush, maja.
--Es que... –Kimmy se daba cuenta de que Jennifer sólo buscaba un pretexto para invitarla a algún sitio y seguidamente intentar ligársela. A su vez, buscó una excusa para decir que no--: Tengo que salir con Herbie...
Dijo lo primero que se le ocurrió, de manera algo atropellada, además.
--¿Con Herbie...? –puso Jennifer cara de incredulidad--. ¡Si cortasteis hace poco...!
--¿Y qué...? Tengo ganas de hacérmelo con un tío, con cualquier tío, y a éste le conozco mejor que a otros, sé como la tiene...
Le costó bastante, pero al final la convenció.
Si Kimmy sufría estos acosos, Judy volvería a sufrir los de Curtis, pero más adelante. Ahora todo estaba muy tranquilo.