Entradas populares

Total de visualitzacions de pàgina:

Seguidors

dilluns, 17 d’octubre de 2016

LOS FIGURANTES QUE FIGURAN (CAPÍTULO PRIMERO)


LOS FIGURANTES QUE FIGURAN

                              CAPÍTULO PRIMERO

 Yo llegué al plató de la serie de televisión para una Figuración, como se dice ahora esto de extra en películas, los que salen en el fondo de cualquier escena, que no hablan casi nunca, pero ayudan a que la escena no sea vacía, con sólo los actores.
   Primero, el ayudante de dirección nos mira, y de repente me sentía como el ganado que será sacrificado en la granja, que terminará llenando los chorizos y salchichas de Olot. Elegirá los figurantes para la primera escena de la mañana. Llegamos sobre las siete de la mañana, como me pidieron. Tomé una Valeriana para poder dormir y no caer de sueño en medio del rodaje.
   El hombre va vestido como uno de aquel partido político que rompe con todas las normas burguesas, pero se dirige a nosotros con un lenguaje cuidadoso, de ejecutivo. Elige a tres de nosotros, y al resto nos dice que nos esperemos. Obedecemos como empleados disciplinados de la época franquista o de Corea del Norte.
   --¿Qué nos pedirá que hagamos ahora? --pregunté, un poco ingenuamente.
   --A mí me pidieron que hiciera de doble de luz de la protagonista --me dijo un chico.
   --¿Tú? --pregunté, sin creerme nada, ya que ese chico era un poco gordo, y la protagonista era joven, bonita y delgada--. ¿Que haces broma?
   --¡Noooooo! -dijo el chico, con una voz aguda y casi auto-paròdica--. Es que no tenían a ninguna, y pensaron en mí. Aunque tuve suerte, porque apenas un segundo después, dijeron que nada, ya que yo estaba allí ante el malo de la película, un señor mayor, feo y antipático.
   Nos describió todo aquello con gestos de sus manos, un poco como los actores de aquellas comedias italianas de antes. Y me lo creí.
   Pasa una hora, y los presentes no hacemos otra cosa que mirarnos el móvil una vez tras otra. Habré leído cinco veces la misma noticia en la Red para matar el tiempo. Podríamos charlar un poco, pero depende de qué tema sea la especialidad de tus interlocutores.
   --Pues me acuerdo de cuando tuve aquella Figuración con Almodóvar --siempre comienza con esta frase reglamentaria. Y luego las anécdotas, también reglamentarias. Unas muy simpáticas y otras no mucho.
   Pero finalmente, llega el ayudante de antes y nos dice que podemos entrar al rodaje. Obedecemos nuevamente, como los personajes de los negros de "Lo que el viento se llevó", y entramos hacía el vestuario, en donde nos mirarán si tenemos que cambiar de ropa para el rodaje, o estamos bien con la nuestra, la de la calle. La encargada del vestuario no nos mira como los corderos del ganado, pero con algunos, parece minuciosa.
   Tras probarnos varias ropas, nos dieron, para ponérnoslas, las ropas de nuestros personajes de Figuración. Era un programa especial de Navidad, decía ella. Y todos nosotros como en los cotillones de fin de año. Nos llevaron hacia el plató.
   Ya colocados, el ayudante de dirección nos dio instrucciones. Se haría una escena culminante, y nos pedía dejarnos la piel. Yo estaba de acuerdo. Comenzó el rodaje. Varias tomas, el director no estaba contento.
   Pero después del rodaje de la última toma de la secuencia, sentimos la voz de trueno del director, que hacía eco por todo el plató, como una amenaza del Darth Vader.
   --¡Me cago en todos vuestros muertos! --gruñó.
   Nos miramos unos a otros, con expresiones de horror y resignación vez. Después del esfuerzo por parecer creíbles dentro de la escena, ahora todo se iba al traste por una equivocación de alguien que no adivinábamos qué.
   --¡Os habéis dejado apagado el monitor del fondo, panda de inútiles! --dijo a sus técnicos, con voz de trueno, pero al borde de un ataque de nervios y a punto de empezar a hacer disparos por todas partes como un Rambo o un yihadistas cualquiera.
   La cosa se calmó después, ya que todos nos fuimos a comer. Fue un alivio, después del cansancio de repetición continua. Durante la comida, yo pensé todo el tiempo que al director lo tendrían comiendo aparte, apartado del mundo, de todos, porque existía el peligro de que él hiciera pagar a cualquier pobre diablo la equivocación de antes.
   Nos dejan ante un plató que parece ser una oficina. El ayudante me dice que me siente ante una mesa con ordenador de sobremesa. Me da las indicaciones de la escena: yo trabajo en una oficina cualquiera, tengo que escribir en el ordenador, como cualquier persona que tiene este trabajo. Digo que sí, que de acuerdo.
   Me siento en la silla, delante del ordenador, que tiene la pantalla encendida, y veo un pequeño detalle que no me esperaba: miro el teclado del ordenador, y las letras están en ruso. Sí, en ruso, alfabeto cirílico y todo eso. No hago ningún movimiento del rostro ni ninguna expresión que diga a todos que aquello no me gusta mucho.
   El director de la serie nos dice a todos que tenemos que hacer que escribimos en el ordenador con naturalidad. Utilizó una metáfora que me parecía válida:
   --Hacedlo con naturalidad. Nada de tocar el piano.
   Cuando dice acción, enciendo el trabajo, ya pesar de no saber nada de lo que escribía (sólo, en mi escuálido ruso, que la letra H equivale a la letra N, y que MOCKBA es Moscú en ruso), creo que hice mi trabajo correctamente.
   Repetimos tres veces más, y luego otra secuencia de oficina. Comenté esta anécdota del teclado ruso, tal vez me quejé, pero una de las compañeras me dijo que cualquier actor debe saber enfrentarse a cualquier desafío. Y tiene razón.
    Después, terminamos. Todavía no sabía cuál sería la nueva Figuración, pero no sería como en las películas, sería algo normal, llena de anécdotas pequeñas de bar, pero aprendemos detalles interesantes. A ver cuando es la cosa como en las películas de verdad.


ELS FIGURANTS QUE FIGUREN (PRIMER CAPÍTOL)

                     

                           ELS FIGURANTS    QUE FIGUREN


                                  PRIMER  CAPÍTOL
  
  
   Jo vaig arribar cap al plató de la sèrie de televisió per una Figuració, com es diu ara això d’extra en pel.lícules, els que surten al fons de qualsevol escena, que no parlen gairebé mai, però ajuden a que l’escena no sigui buida, amb només els actors.
   Primer de tot, l’ajudant de direcció se’ns mira, i de cop i volta em sentia com el bestiar que serà sacrificat a la granja, que acabarà omplint els xoriços i salsitxes d’Olot. Triarà els figurants per la primera escena del matí. Vam arribar-hi cap a les set del matí, com em van demanar. Vaig prendre una Valeriana per poder dormir i no caure de son enmig del rodatge.
   L’home va vestit com un d’aquell partit polític que trenca amb totes les normes burgeses, però es dirigeix a nosaltres amb un llenguatge acurat, d’executiu. Tria tres de nosaltres, i a la resta ens diu que ens esperem. Obeïm com empleats disciplinats de l’època franquista o de Corea del Nord.
   --Què ens demanarà que fem, ara? –vaig preguntar, una mica ingènuament.
   --A mi em van demanar que fes de doble de llum de la protagonista –em va dir un noi.
   --Tu? –vaig preguntar, sense creure’m res, ja que aquell noi era una mica gras, i la protagonista era jove, bonica i prima--. Que fas broma?
   --Noooooo! –digué el noi, amb una veu aguda i gairebé auto-paròdica--. És que no tenien cap, i van pensar en mi. Encara que vaig tenir sort, perquè tot just un segon després, van dir que res, ja que jo hi era davant el dolent de la pel.lícula, un senyor gran, lleig i antipàtic.
   Ens va descriure tot allò amb gestos de les seves mans, una mica com els actors d’aquelles comèdies italianes d’abans. I m’ho vaig creure.
   Passa una hora, i els presents, no fem una altra cosa que mirar-nos el mòbil un cop rere l’altre. Ens haurem llegit cinc vegades la mateixa notícia dins la Xarxa per matar el
temps. Hi podríem xerrar una mica, però depèn de quin tema sigui l’especialitat dels
teus interlocutors.
   --Doncs, em recordo quan vaig tenir aquella Figuració amb l’Almodóvar –sempre comença amb aquesta frase reglamentària. I després les anècdotes, també reglamentàries. Unes molt simpàtiques i d’altres no gaire.
   Però finalment, hi arriba l’ajudant d’abans i ens diu que podem entrar-hi al rodatge. Obeïm novament, com els personatges dels negres d’”Allò que el vent s’endugué”, i entrem cap al vestidor, on ens miraran si tenim que canviar de roba pel rodatge, o estem bé amb la nostra, la de carrer. L’encarregada del vestidor no ens mira com els anyells del bestiar, però amb alguns, sembla minuciosa.
   Després de provar-nos diverses robes, ens van donar, per posar-nos-les, les robes dels nostres personatges de figuració. Era un programa especial de Nadal, deia ella. I tots nosaltres com als cotillons de Cap d’Any. Ens van dur cap al plató.
   Ja col.locats, l’ajudant de direcció ens va donar instruccions. Es faria una escena culminant, i ens demanava deixar-nos-hi la pell. Jo hi estava d’acord. Va començar el rodatge. Diverses preses, el director no hi estava content.
   Però després del rodatge de la darrera presa de la seqüència, vam sentir la veu de tro del director, que feia ressò per tot el plató, com una amenaça del Darth Vader.
   --¡Me cago en todos vuestros muertos! –va rondinar, en castellà.
   Ens van mirar els uns als altres, amb expressions d’horror i resignació alhora. Després de l’esforç per semblar creïbles dins l’escena, ara tot se n’anava en orris per una equivocació d’algú que no endevinàvem quina.
   --Us heu deixat apagat el monitor del fons, colla d’inútils! –va dir als seus tècnics, amb veu de tro, però al caire d’un atac de nervis i de començar a fer-ne trets a tort i a dret com un Rambo o un Jihadista qualsevol.
   La cosa es va calmar després, ja que tots ens van anar a dinar. Va ser un alleujament, després del cansament de repetició contínua. Durant el menjar, jo vaig pensar tot el temps que al director el tindrien menjant a part, apartat del món, de tots, perquè hi havia el perill que ell fes pagar a qualsevol pobre noi l’equivocació d’abans.
   Ens deixen davant un plató que sembla ser una oficina. L’ajudant em diu que m’assegui davant una taula amb ordinador de sobretaula. Em fa les indicacions de l’escena: jo treballo dins una oficina qualsevol, tinc que escriure a l’ordinador, com qualsevol persona que té aquesta feina. Dic que sí, que d’acord.
   M’assec a la cadira, davant l’ordinador, que té la pantalla encesa, i veig un petit detall que no m’esperava pas: miro el teclat de l’ordinador, i les lletres son en rus. Sí, en rus, alfabet ciríl·lic i tot això. No faig cap moviment del rostre ni cap expressió que digui a tothom que allò no m’agrada gaire.
   El director de la sèrie ens diu a tothom que tenim que fer allò d’escriure a l’ordinador amb naturalitat. Va utilitzar una metàfora que em semblava vàlida:
   --Feu-lo amb naturalitat. Res de tocar el piano.
   Quan diu acció, engego la feina, i malgrat no saber gens ni mica d’allò que escrivia (només, dins el meu escanyolit rus, se que la lletra H equival a la lletra N, i que MOCKBA és Moscou en rus), crec que vaig fer la meva feina correctament.
   Vam repetir allò tres vegades més, i després una altra seqüència d’oficina. Vaig comentar aquesta anècdota del teclat en rus, potser em vaig queixar, però una de les companyes em va dir que qualsevol actor ha de saber enfrontar-se a qualsevol desafiament. I té raó.
    Després, vam acabar. Encara no sabia qual seria la nova Figuració, però no seria com a les pel.lícules, seria una cosa normal, farcida d’anècdotes petites de bar, però n’aprenem detalls interessants. A veure quan és la cosa com a les pel.lícules de debò.

                                                        

             

 

diumenge, 3 de gener de 2016

DESFER-SE D'ELLA... PERÒ AMB COMPTE (Capítol XIII)


         CAPÍTOL XIII


   En José Carlos es va llevar per anar-se cap a la feina, com cada matí. Després de prendre el desdejuni, se’n va anar.
   I l’Oriol encara era adormit. Va trigar en llevar-se mitja hora després de la sortida del primer.
   Va badallar i es va llevar del llit. Amb barba de dos dies, amb un pijama que l’havien deixat per passar la nit, d’aquells de seda natural que duu en José Carlos. Potser no era gaire adient per aquell home, semblava un pobre que volia semblar ric, tenia una absència d’aspecte per allò, i potser també de modals, ja que es va rascar el cul amb delit, com alleujat d’una cosa que li destorbava de valent.
   Es va dirigir cap a la sala de bany, on s’hi volia dutxar. Però en voler obrir la porta, va notar que era tancada per endins, i va sentir una veu.
   --Eeeeei! Ocupat!
   Era una veu de dona. La va reconèixer. Era la d’ella, de la Marieta.
   --Em... em sap greu! –es va disculpar l’Oriol, que era espantat, submergit dins la seva timidesa que l’havia impedit sovint lligar-se noies, tot i que després a més d’una les va acabar seduint, tot i que més per escarmentar elles els seus inútils nuvis o marits.
   --Que ets tu, Oriol? –va preguntar ella des de dins. El seu to de veu hi havia canviat radicalment. Ja no era la veu espantada, de noieta carrinclona de col.legi de monges que l’agafen despullada al bany, que creu que fins i tot el mateix Déu hi anirà cap a l’Infern perquè tot és pecat arreu del món. Ara era una veu una mica de gateta mimosa, amb un borrall cursi, potser també.
   --Sí... –la veu de l’Oriol hi sortia del fons de la seva gola com un gat que s’ofegava.
   --Ara surto, espera que m’eixugui el cos, i ja tens el bany per tu solet.
   --Ep...? Ah, sí... –com la sentia darrera la porta i la sala de bany hi tenia molt ressò, que distorsionava el so, no li havia agafat totes les paraules, però finalment les va comprendre totes, tot fent una mena de reconstrucció detectivesca.
   Però, per una mena de vergonya i també de bona educació, va anar-se cap a la seva habitació per esperar el moment de la sortida d’ella de la sala de bany. Ella va sortir i anava amb la tovallola de bany vorejant-li el seu atractiu cos. També duia una altra tovallola a la vora del seu cap, per cobrir els seus cabells mullats, un estil aquell que més es semblava a un maharajà de la Índia que no pas a una dona que s’acabava de dutxar.
   Van passar unes hores després de tot això, i la vida de tots dos va continuar com si no hagués hagut cap ensurt, volem dir d’ell, ja que ella, semblava que si havia tingut un ensurt, li va durar només uns segons. A l’Oriol, per sentir-se incòmode, li va durar més temps. Perquè hi era dins una casa amb desconeguts, i no volia semblar un hoste groller ni gens bé educat. Que ell era un lladre abans, però no pas un paio amb descortesia.
   Dos dies van passar ara, i la Marieta hi era a la sala, llegint un llibre. Potser al lector li semblarà del tot paradoxal el títol del mateix, ja que era la novel.la “Crim y càstig” de Fiodor Dostoievski. Si ens recordem de que la Marieta va matar una dona temps enrere, aleshores ella seria més aviat incòmoda llegint-se allò. Però no semblava gens ni mica que tingués els remordiments del Raskòlnikov i acabés anant-se cap una caserna de la Policia. Ni tampoc els tindria si vingués aquell inspector de Policia rus de la novel.la, el qual va inspirar els creadors del tinent Colombo per la seva sèrie televisiva.
   L’Oriol va aparèixer per la sala, i la va veure llegint. No volia fer nosa, però ella es va adonar de la seva presència.
   --Hola, Oriol, com va? –va dir amb dolcesa, trencant per un moment amb la seva fredor estil Lara Croft, i fent un somriure, el darrer d’ells no sabem qual va ser el segle que va aparèixer.
   --Ah, hola... –digué ell, ara amb més fermesa del seu caràcter, però no gaire.
   --Et volia preguntar una cosa... –va començar ella, i va fer una petita pausa, com qui agafa aire per continuar, o perquè es rumiava allò que tenia que dir--. Que alguna vegada algú et va voler matar?
   --Doncs... –ell se’n va recordar, tot seguit, d’algunes vegades que va sofrir una persecució d’alguns delinqüents, ja que ell mirava de sobreviure als barris baixos barcelonins, amb millor o pitjor fortuna, tot i que caldria dir-ne que millor, ja que ell encara és viu i sa i estalvi.
   No va voler respondre immediatament. Com ella, es prenia el seu temps per trobar-hi la resposta adient, però gens solemne. No era ell cap bon jan de classe alta.
   --Algun cop vaig tenir una picabaralla amb gent molt dolenta dels barris baixos.
   Ho va dir d’esma, com qui llegeix un paper escrit.
   --Amb armes blanques, o amb els punys? –va preguntar ella.
   --Amb armes blanques –digué ell ràpidament.
   --Navalles o ganivets?
   --Ganivets. No tenia jo calers per una bona navalla. Ganivets d’un bar de barri, petit, avorrit i normalet.
   Ho va dir ell amb la descripció d’un venedor d’enciclopèdies, ara més animat.
   --I vas matar molts dolents, oi?
   --No, cap.
   --Oh... –va dir ella, suaument, amb un to ben clar de decepció.
   --Que et creus que soc un assassí? –ell començava a creure’s que ella li volia prendre el pèl.
   --No, no cal, però una mica bandarra sí que cal.

   Va ser una resposta que, per no perdre el costum, li va deixar aclaparat.